Ciclistas vs peatones

La opinión pública muestra una percepción positiva por el aumento del uso de la bicicleta, pero en paralelo crece la impresión, reflejada por algunos medios de difusión, que la masividad del ciclismo urbano genera peligro a los peatones. Estos, a su vez, son visualizados por muchos ciclistas como el principal “estorbo” para circular en vías exclusivas.

Analizar objetivamente esta situación nos permitirá disminuir el conflicto y poner atención en la principal fuente de peligro para el peatón y el ciclista: el tránsito automotor, como bien lo describe Ema Cibotti en su trabajo “Los riesgos viales de ser peatón”

A tener en cuenta

El mayor número de desplazamientos en una ciudad se realizan a pie. La presencia de peatones no puede ser una sorpresa. Por tanto todo conductor -de bici u otro vehículo- debería tener en cuenta la alta probabilidad de interferir a los caminantes.

En el caso de los ciclistas, la amplia percepción del entorno que se posee desde la bicicleta y la baja velocidad con que se circula, sumado a los tiempos del paso peatonal, convierte en evitables la mayoría de las disputas con los transeúntes de a pié.

Tengamos en cuenta que pedaleamos entre personas “entrenadas” a sentir y ver vehículos ruidosos y de mayores dimensiones, que pueden desconcertarse ante una bici silenciosa y no percibir el perfil angosto del conjunto ciclista/bicicleta.

No todos los peatones son iguales: un niño tiene diferente percepción y reacciones que un adulto; o puede haber personas con discapacidades poco notorias desde el manubrio, por ejemplo auditivas o visuales, lo que nos obliga a aumentar nuestra atención y prevenciones frente a la presencia de peatones.

Hacer sonar un timbre o advertir nuestra presencia a viva voz con una frase amigable, pero teniendo las manos apoyadas en las manijas de freno, dispuestos a disminuir la velocidad y ceder el paso, es la actitud recomendable frente a las personas a pie como regla general, independientemente de a quien corresponda la prioridad de paso.

Y recordar que los ciclistas también somos muy vulnerables. Que un roce, golpe o atropello a un peatón seguramente termina también – y como mínimo- en una caída con nuestra bici.

Algunos ejemplos

En la Ciudad de Buenos Aires la reciente construcción de ciclovías de doble mano, produce que los peatones sean “sorprendidos” por las bicicletas que circulan en sentido contrario del tránsito automotor, pese a la buena señalización y diseño. En los ciclistas la comodidad y continuidad que genera la separación física de estas vías, se ve “alterada” por el cruce de peatones. Cabe recordar que si la intersección no tiene semáforo, la prioridad es absoluta para el peatón.

Otro caso son las bicisendas, construidas fuera de la calzada. Allí la prioridad es del peatón, pero al desconocer esta regla, muchos ciclistas se sienten autorizados a pasar “finito” y por sorpresa muy cerca de los caminantes, con el consiguiente aumento del riesgo. Esto provoca sustos o insultos y genera una imagen negativa del ciclismo urbano.

Si ponemos en práctica la regla general que mencionamos más arriba de avisar nuestra presencia, atender, bajar la velocidad y/o frenar, estaremos propiciando condiciones menos riesgosas. Solo nos demandará instantes y damos a los otros la oportunidad de corregir errores.

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