Ciclovías porteñas para imitar

El ciclismo urbano tiene su espacio natural de circulación en la calzada, por eso la necesidad de que todo plan o estrategia de movilidad debe generar un tránsito que integre las bicicletas. Este objetivo integrador encuentra como límite una cultura muy dependiente del vehículo automotor, con estilos conductivos anómicos y desaprensivos.

Frente a esta realidad la segregación física (cordones) en ciclovías constituye una de las herramientas para conformar una red ciclista básica y segura, allí donde flujos y volúmenes de transito lo justifiquen. Pero al constituirse como “novedad” requieren en su diseño, construcción y mantenimiento un alto estándar.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires exhibe obras que pueden servir de ejemplo para otras jurisdicciones y teniendo en cuenta la directa relación que la infraestructura por la que se pedalea tiene con la seguridad vial de los ciclistas, nos parece conveniente analizar sus características.
En este informe analizaremos sus aspectos positivos.

Cordones, izquierda y doble sentido

Los cordones de cemento caracterizan las ciclovías porteñas y se han mostrado eficaces para “contener” el tránsito automotor.

De dimensiones normalizadas los hay de dos tipos: uno más alto con un perfil casi recto en la cara exterior otro “redondeado” y bajo que permite ser traspasado lentamente por cualquier vehículo; no es un cordón sino un separador físico. Estos últimos se instalan solo en calles muy angostas, en prevención de situaciones transitorias.

Casi todas las ciclovías se han implantado en el borde izquierdo de la calzada, usufructuando la norma general que prohíbe el estacionamiento y evitando la superposición con paradas de transporte público ubicadas a la derecha. Además el conductor de automotor, situado en su vehículo a la izquierda, posee un mejor ángulo de visión sobre los ciclistas.

El doble sentido de circulación se justifica en tres razones: 1) calculando el sobrepaso dentro de la ciclovía, el espacio a utilizar es el mismo que se necesitaría con solo un sentido de circulación (2.50 mts.) 2) se neutraliza la “costumbre” mundial de los ciclistas de utilizar las vías segregadas en ambos sentidos aunque sean unidireccionales y 3) se disminuye los costos de construcción. También exige en los cruces con semáforos, que estos se dupliquen.

Señalización y normas

Pedaleando dentro de este espacio segregado los ciclistas obtenemos condiciones de circulación muy seguras, lo que nos genera una conducción más relajada. Esta situación debe ser prevista por los diseñadores en el tratamiento de las intersecciones, donde se “corta” la segregación y se “interfieren” trayectorias de vehículos y peatones.

Observamos que todas las arterias transversales a las ciclovías presentan, previo al cruce, señal amarilla de presencia de ciclistas en ambas direcciones -horizontal y vertical-, roja de pare y en muchas, reductores plásticos de velocidad, lo que hace notable para el automovilista la infraestructura ciclista.

También se ha demarcado horizontalmente y con color verde, un canalizador del tránsito ciclista, ayudando a mantener la trayectoria de marcha durante el cruce.

Estos criterios de señalamiento se verifican también con la señal de prohibición de estacionamiento y detención sobre la ciclovía, que simplifica el control.

Destacamos la nueva cartelería y demarcación utilizadas para dar a conocer nuevas pautas de convivencia, como las instaladas frente a establecimientos educativos y de salud.
Igual comentario nos merece la demarcación horizontal dentro de la ciclovía.
Haber modificado la normativa, reduciendo la velocidad máxima de circulación permitida a 30 km/h, tanto en la vía donde se construyó la ciclovia como las que la atraviesan, refuerza la idea de seguridad en el entorno.

Los “palitos de la bicisenda”

Así se denominan a los delineadores flexibles utilizados en las ciclovías, elementos que sirven para canalizar o guiar el tránsito y destacar las variaciones de las vía.

Fabricados con resina plástica reciclada, de características retroreflectantes, resisten reiterados impactos de vehículos, volviendo a su posición original en segundos, y utilizan un sistema de pigmentación con base UV estabilizado que permite exponer el producto a la intemperie sin perder su coloración original.

Colocados para advertir el cordón al automovilista, también lo “guía” para que amplíe el radio de giro, protegiendo a ciclistas y peatones. Subsidiariamente “obliga” al conductor de bici a circular por su mano al iniciar los cruces y le “previene” la senda peatonal.
Una infraestructura adecuada es un elemento prioritario y fundamental de la seguridad activa del ciclismo urbano. Los ciclistas debemos exigir su construcción, comprometiéndonos con el conocimiento y análisis de las mismas, adecuando nuestra conducción a sus características.

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