Masculinidades y siniestros viales

Mujer al volante, peligro constante” dice el dicho. Sin embargo las estadísticas dicen lo contrario.

En Argentina murieron 4023 hombres, contra 1208 mujeres (Min. Transporte 2017 *). En cuanto a víctimas fatales, mueren 3 hombres de cada 4 personas *. Y si bien podría creerse que tiene que ver con la relación de mujeres al volante, las culpas no mantienen la proporción. En Argentina no hay datos oficiales, en España los datos indican que el 90% de los culpables son hombres **.

 

Pero no es la biología quien determina que los hombres se arriesguen más o conduzcan de manera temeraria. Es la construcción sociocultural del concepto de masculinidad.

La actitud temeraria, la aceptación del riesgo y la indiferencia ante el dolor o las lesiones, son parte de lo aprendido como “ser hombre” y esto tiene consecuencias directas en la manera de comportarse al volante. También en muchos aspectos relacionados a la salud. La masculinidad que se aprende es peligrosa para los mismos hombres, además, claro, para las mujeres.

Ser independientes, autosuficientes, robustos, duros, suprimir las necesidades o negar el dolor, la debilidad o vulnerabilidades así como tener control de las emociones y de dominio físico. Todas estas actitudes alentadas para constituir el “hombre modelo” o la masculinidad hegemónica, construyen la idea de hombre poderoso, invulnerable y eficiente. A su vez, el culto alrededor de los vehículos y la tecnología está relacionado con la independencia, el estatus, el riesgo y el poder.

El problema es que el “sexo fuerte” en la calle, muere. Esa construcción ideal en la vida real no se sostiene. Y lo que lo lleva a la muerte son estas creencias que lo alejan de los hábitos saludables y el desconocer los límites reales de su propio cuerpo.

Otro gran problema es la falta de condena socialLos grupos masculinos cuentan los riesgos a los que se exponen como gestas heroicas. De esta manera se incentivan las conductas riesgosas. Un hombre que no se enfrenta al riesgo puede sentir cuestionada su virilidad y encontrarse en una situación de subordinación frente a otros hombres. Por lo tanto, manejar estando en grupo alienta conductas más riesgosas.

 

La buena noticia: nadie está obligado a cumplir ningún rol. Podemos cambiar la actitud, bajar un cambio, construir un medioambiente vial más seguro y cuidar nuestra vida.

 

Como sociedad buscamos modelos más saludables y equitativos de movilidad. El culto al riesgo presenta varios desafíos para la seguridad vial. 

¿Podemos desde la educación vial cambiar estos comportamientos si hay una norma de base que incita al riesgo?

¿Cómo vamos a convencer para usar el transporte público si hay toda una cultura que inviste en el auto los valores de la virilidad masculina?

¿Cómo comunicamos los peligros si al evidenciarlos hacemos que sea más atractivo para quienes buscan los riesgos?

 

* Datos del Ministerio de Transporte 2017

** Siniestralidad vial y género

facebooktwittergoogle_pluslinkedinmail