Se durmió el nene…

Fernando Rinaldi
Miembro de Ciclofamilia
www.ciclofamilia.wordpress.com
ciclofamilia@gmail.com

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Los peatones y automovilistas cuando ven a nuestros niños y niñas en la sillita trasera
de la bici suelen saludarnos con sonrisas, un poco de empatía y mucho de ternura.
También es cierto que en algunos casos hemos sentido que esas muestras incluyen un
poco de susto al vernos pedalear con las y los hijos a bordo. Pero nada se compara a
la reacción que produce entre los ocasionales transeúntes ver a los chicos durmiendo
en la sillita mientras pedaleamos. Al verlos soñando muchos nos increpan alarmados
“señor, señor, cuidado…que se le durmió el pibe”. Otros nos avisan del encuentro con
Morfeo sacando los brazos o la cabeza por fuera de la ventanilla del automóvil, casi
desesperados, sin percibir el riesgo que ellos mismos corren al hacerlo.

Mi mujer sostiene que es esperable que los vecinos se escandalicen cuando ven a un
niño profundamente dormido en la silla trasera de la bicicleta. Quizás ellos no pueden
imaginarse que el sueño del niño sea muy placentero a bordo mientras la brisita del
viento y el rodar los acuna. Tampoco se representan que el que pedalea está
irremediablemente despierto y atento y que eso es todo lo que realmente importa (nota
del autor: una de las ventajas de la bici para la convivencia vial es que es imposible que
su conductor se quede dormido arriba de ella).

Es cierto que la niñez dormida en la sillita a veces toma formas que el más diestro
contorsionista hindú envidiaría. Sus cabezas y brazos relajados – aunque no tanto
como para soltar el chupetín – pueden generar una falsa imagen de vulnerabilidad. Sin
embargo, nada más lejano a esa impresión, sobre todo si tenemos en cuenta las
recomendaciones que te proponemos para andar y soñar más tranquilos:

● Siempre con casco. No lo dudes, no sólo lo estas protegiendo frente al tránsito,
sino que frente una simple mala maniobra con la bici detenida.
● Ajusta bien las correas de la sillita. Tomate un tiempo para revisar los precintos,
que el sistema trabe bien y que ellos vayan cómodos y se puedan relajar. Como
la bici es un poco más sensible a la textura del camino que otros vehículos, no te
olvides de ir verificando en los semáforos el ajuste correcto.
● No estás en el Tour de France. No te entusiasmes con la velocidad que no hay
apuro. La bici con tu niño o niña tiene un rango de frenado muy distinto.
Además, si frenas fuerte, lo vas a despertar.
● Sé visible. Te recomendamos usar luces y poner un chaleco o triángulo
reflectante que cubra a la silla y a ellos.
● No pases “finito” y circula por la izquierda a un metro y medio de todos los autos.
Es mejor que las abuelas se babeen con la belleza de tu hijo dormido desde esa
distancia.

Atendiendo estos consejos no hay por qué preocuparse del qué dirán, ni mucho menos
del sencillo y natural hecho de que nuestro niño se duerma a bordo de la bicicleta. Es
que al contrario de lo que las vecinas creen, si tu hijo, nieto o sobrino se quedó dormido
es porque que se siente cómodo, seguro y sin miedo. Y en eso, estamos seguros,
consiste todo el trabajo de ser padres.

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