Se durmió el nene…

Fernando Rinaldi
Miembro de Ciclofamilia
www.ciclofamilia.wordpress.com
ciclofamilia@gmail.com

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Los peatones y automovilistas cuando ven a nuestros niños y niñas en la sillita trasera
de la bici suelen saludarnos con sonrisas, un poco de empatía y mucho de ternura.
También es cierto que en algunos casos hemos sentido que esas muestras incluyen un
poco de susto al vernos pedalear con las y los hijos a bordo. Pero nada se compara a
la reacción que produce entre los ocasionales transeúntes ver a los chicos durmiendo
en la sillita mientras pedaleamos. Al verlos soñando muchos nos increpan alarmados
“señor, señor, cuidado…que se le durmió el pibe”. Otros nos avisan del encuentro con
Morfeo sacando los brazos o la cabeza por fuera de la ventanilla del automóvil, casi
desesperados, sin percibir el riesgo que ellos mismos corren al hacerlo.

Mi mujer sostiene que es esperable que los vecinos se escandalicen cuando ven a un
niño profundamente dormido en la silla trasera de la bicicleta. Quizás ellos no pueden
imaginarse que el sueño del niño sea muy placentero a bordo mientras la brisita del
viento y el rodar los acuna. Tampoco se representan que el que pedalea está
irremediablemente despierto y atento y que eso es todo lo que realmente importa (nota
del autor: una de las ventajas de la bici para la convivencia vial es que es imposible que
su conductor se quede dormido arriba de ella).

Es cierto que la niñez dormida en la sillita a veces toma formas que el más diestro
contorsionista hindú envidiaría. Sus cabezas y brazos relajados – aunque no tanto
como para soltar el chupetín – pueden generar una falsa imagen de vulnerabilidad. Sin
embargo, nada más lejano a esa impresión, sobre todo si tenemos en cuenta las
recomendaciones que te proponemos para andar y soñar más tranquilos:

● Siempre con casco. No lo dudes, no sólo lo estas protegiendo frente al tránsito,
sino que frente una simple mala maniobra con la bici detenida.
● Ajusta bien las correas de la sillita. Tomate un tiempo para revisar los precintos,
que el sistema trabe bien y que ellos vayan cómodos y se puedan relajar. Como
la bici es un poco más sensible a la textura del camino que otros vehículos, no te
olvides de ir verificando en los semáforos el ajuste correcto.
● No estás en el Tour de France. No te entusiasmes con la velocidad que no hay
apuro. La bici con tu niño o niña tiene un rango de frenado muy distinto.
Además, si frenas fuerte, lo vas a despertar.
● Sé visible. Te recomendamos usar luces y poner un chaleco o triángulo
reflectante que cubra a la silla y a ellos.
● No pases “finito” y circula por la izquierda a un metro y medio de todos los autos.
Es mejor que las abuelas se babeen con la belleza de tu hijo dormido desde esa
distancia.

Atendiendo estos consejos no hay por qué preocuparse del qué dirán, ni mucho menos
del sencillo y natural hecho de que nuestro niño se duerma a bordo de la bicicleta. Es
que al contrario de lo que las vecinas creen, si tu hijo, nieto o sobrino se quedó dormido
es porque que se siente cómodo, seguro y sin miedo. Y en eso, estamos seguros,
consiste todo el trabajo de ser padres.

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Bicicleta = Vehículo de tracción a sangre

Conocer para cambiar

Bicicleta = Vehículo de tracción a sangre

El Decreto Reglamentario del artículo 28º de la Ley Nacional de Tránsito define la bicicleta como un vehículo de pasajeros de uso particular y propulsión humana.

Con frecuencia solemos escuchar o leer que la bicicleta es “un vehículo de tracción a sangre”. La expresión es utilizada inclusive en ámbitos judiciales, legislativos o de la seguridad vial, cuando ni siquiera aparece mencionada en la norma nacional vigente.

La acción de “arrastrar una cosa” es la que define etimológicamente a la palabra tracción. La fuerza que “arrastra o tira” esta ubicada fuera del vehículo, y puede hacerlo hacia adelante o hacia atrás. Podemos citar un trineo, una carretilla o en un tractor, como ejemplos que la reglamentación califica como tracción animal, humana y motriz respectivamente.

Propulsar significa dar “impulso o empuje hacia adelante” y en el caso de los vehículos la fuerza propulsora forma parte o está en los mismos, como en el caso de los autopropulsados (por motores a combustión por combustible líquido o gaseoso o motor eléctrico) o los de propulsión humana (el/la ciclista).

En resumen todas las definiciones actuales de bicicleta -normativas y técnicas- coinciden en que es “un vehículo impulsado (propulsado) por el esfuerzo de quien o quienes los conducen” y en forma específica en la reglamentación del art.28 del Titulo V Vehículo la Ley Nacional de Tránsito se define a la bicicleta como un vehículo de pasajeros de uso particular y propulsión humana.

Qué dice la ley

Código de Tránsito de la CABA Ley 2148

6.10.2 Definiciones

A los efectos del presente Código, debe entenderse por:
a) Bicicleta: Ciclorodado de dos ruedas.
d) Ciclorodado: Vehículo no motorizado de dos o más ruedas, impulsado por mecanismos con el esfuerzo de quien o quienes lo utilizan.

Ley Nacional de Tránsito y Transporte 24449

Art. 5 – Definiciones:

g) Bicicleta: vehículo de dos ruedas que es propulsado por mecanismos con el esfuerzo de quien lo utiliza, pudiendo ser múltiple de hasta cuatro ruedas alineadas.

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Los riesgos viales de ser peatón

Ema Cibotti
Presidenta de ACTIVVAS, asociación civil contra la violencia vial. www.activvas.org

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Las muertes en tránsito de peatones alcanzan porcentajes elevados en Buenos Aires, en el
país y a escala mundial.
Según un informe de la OPS de 2012: En todos los países de las Américas, las muertes de
peatones representan un 23% del total de defunciones ocurridas en la vía pública, el
porcentaje más alto en comparación con cualquier otro medio de transporte. En los
países andinos, el 43% de las muertes causadas por el tránsito son de peatones, mientras
que en Centroamérica es de 32% y del 31% en el Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay y
Uruguay).
¿A qué son vulnerables los peatones?: a la velocidad. El cuerpo humano no sobrevive a
impactos mayores de 50 a 60km/h. Por supuesto los niños resisten velocidades de impacto
muy inferiores, y las lesiones físicas graves ya se presentan a más de 20km/h.
El hecho es incontestable, pero las explicaciones que lo interpretan no son siempre claras.
Por ejemplo cuando se afirma que un alto porcentaje de las víctimas en accidentes de
tránsito tuvo como protagonista a un peatón, corren ríos de tinta para sugerir que los
peatones cruzan mal y esto se grafica con campañas que muestran que el peatón muerto era
un peatón imprudente. Estas afirmaciones condenatorias, rezuman ignorancia sobre lo que
sucede en las calles entre peatones y vehículos motorizados, sobre todo porque no dicen
nada del lugar de la embestida y esta omisión como veremos, no es menor.
Pero antes de abordar esta cuestión definamos qué es un peatón. Desde el punto de vista del
derecho civil el abogado Carlos A. Ghersi, describe a toda persona que se desplaza sobre
sus pies y que frente al automotor se encuentra en una situación de inferioridad.
Pero hay algo más que define a un peatón y lo distingue de un simple transeúnte.
Transeúnte es cualquier persona que camina la vía pública, aunque sea unos minutos,
porque baja de su auto para realizar un trámite, el peatón en cambio es la persona que no
tiene a disposición la conducción de un vehículo motor. Su acceso a la vía se realiza solo en
transportes públicos de pasajeros, o mediante el transporte activo (práctica de caminar y
bicicleta). Las distancias que esa persona cubre por día con sus pies son mucho mayores
que las del conductor / transeúnte y por ende está más afectado por el riesgo vial.
Esta distinción abre un gran abanico de características en los desplazamientos que a diario
realizamos en una ciudad. Podemos ser conductores y transeúntes o usuarios de los
servicios de transporte público y peatones/ciclistas, pero no somos a la vez conductores y
peatones.
Por qué establecemos esta diferencia? Porque este es el quid de la condición vulnerable del
peatón. Está más expuesto al riesgo vial porque cruza a pie las intersecciones. En efecto, las
esquinas de calles y grandes avenidas, son los lugares que concentran el 80% de las
colisiones, embestidas, choques, y atropellos en cualquier ciudad del mundo.
Y es justamente allí, dónde se produce el número más alto de peatones muertos sobre el
total de fallecidos. En efecto, la estadística nacional y la de la Ciudad de Buenos Aires,
identifican el hecho de tránsito según el lugar de la vía: recta, curva, intersección,
rotonda, distribuidor, paso a nivel, otro. Más del 80% se producen en la intersección.
El caso de la Argentina es paradigmático, y merece estudio. En nuestro país, ¿mueren los
peatones porque cruzaban mal – en diagonal o por la mitad de la acera-? No.
Paradójicamente mueren porque cruzaban bien. La persona atropellada, iba por la senda
peatonal cuando un rodado motor lo embistió después de girar a velocidad en la
intersección, sin respetar la prioridad de paso peatonal. O es embestida cruzando una
bocacalle sin semáforo frente a la cual todo conductor debe reducir la velocidad o detenerse
para que el peatón pueda pasar. O por cierto y no son pocos los casos, mueren caminando
por la vereda, embestidos por algún vehículo que se sube y los arrolla. En nuestro país el
disco Pare –que obliga al rodador motor a detenerse- parece un adorno no una señal. Nunca
respetado, fue ideado para permitir que los peatones puedan continuar su marcha, y así
funciona en todas partes del mundo.
¿Qué sucede cuando el peatón usa su derecho de paso?: pone en riesgo su vida. En
consecuencia para evitarlo no siempre cruza cuando está formalmente habilitado para
hacerlo, sino cuando no hay ningún vehículo cerca, aunque al hacerlo vaya contra las
normas de tránsito.
Es imprescindible saber que el número de vehículos en circulación es el factor que tiene
mayor incidencia en el número de colisiones que sufren los peatones y los ciclistas. El
mayor riesgo vial, surge de la relación entre el volumen de la circulación motorizada y
el número y el uso de las intersecciones.
Esto explica por qué los peatones están en peligro cada vez que necesitan cruzar una
esquina.

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Una visita a la palabra accidente

Lic. Daniel Alfredo Telmo
Miembro ADIRA

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Autor DANIEL ALFREDO TELMO
Profesor Universitario en Cs. de la Educación Licenciado en Cs. de la Educación
Integrante del Comité Consultivo – Grupo 3 – de la Agcia. Nacional de Seguridad
Vial representando a ADIRA (Aseguradores del interior de la Rep. Argentina)

Importante: este trabajo integra una publicación más extensa sobre el tema. Se puede utilizar / citar mencionando su autor

Comentarios iniciales

Este breve trabajo contiene un trayecto que busca un abordaje breve de la
problemática que surge de las connotaciones de la palabra accidente en el
ámbito del tránsito.
Su amplitud se pensó como una instancia importante que por un lado no
ofrezca una extensión innecesaria, porque es evidente lo innecesario de
intentar abarcar en esta instancia una amplitud mayor, y por otro lado
buscamos evitar la parquedad estéril, que promueva una idea incompleta o
difusa del tema. Buscamos una secuencia equilibrada que favorezca la
claridad, resalte la importancia del tema y genere interés.

Importancia y justificación del trabajo

La incongruencia que surge al aplicar la palabra accidente a los hechos
dañosos del tránsito, es un problema que ha sido advertido por expertos, y
aparece en documentos oficiales de organismos internacionales y
nacionales, públicos y privados.
A simple vista resalta la magnitud y trascendencia de esta situación, que se
extiende a varios terrenos y tiene derivaciones importantes en ámbitos
como el Jurídico, la prevención, la educación, la difusión y la seguridad vial
entre otros
Entendemos que se requiere un abordaje de la problemática a los efectos
de explorar aquella situación de la que surge una trascendente
contradicción, que necesita ser resuelta, y así aportar al tratamiento de la
temática vial.

Un ámbito de trabajo

El desarrollo de este trabajo tiene por objeto un breve análisis de la palabra
accidente, su aplicación en varios ámbitos importantes para la temática vial,
y lograr algunas conclusiones. Inevitablemente el trayecto propuesto nos
lleva a transitar por el ámbito de la semiología – semiótica.
Sausure llamó semiología a la teoría de los signos – muchos estudiosos de la
época siguieron esa línea – y pensaba a la lingüística como una parte de la
semiología. Por otro lado Peirce pensó en la investigación del proceso de
significación – proceso que incluye al signo, su objeto y su interprete
(semiosis) – e introdujo el término semiótica. La concepción de Sausure
era más amplia y la de Peirce era más limitada.
Estas dos posturas se extendieron, la primera con más influencia en Europa
y en los países Latinoamericanos, y la segunda en los países anglosajones.
Pero esta última tuvo una segunda instancia en la que extendió su
influencia a los países latinos en Europa y América logrando la adhesión de
estudiosos como Humberto Eco, Paolo Fabbris, y Steimberg en Argentina,
entre otros.
Luego de la muerte de ambos fundadores, surgió la polémica sobre los
diferentes términos, y fue en 1969 cuando en La haya se institucionalizó la disciplina y se estableció el nombre semiótica, buscando la unión de ambas
posturas e instalar un nombre definitivo.
Pero todavía muchos estudiosos distinguen entre semiología y semiótica,
aplicando la primera a la explicación general de los sistemas de signos y la
segunda a los sistemas particulares: cine, pintura. Moda y otros. Esta
diferenciación actual aparece contraria al sentido original de ambos
términos.
La breve mención anterior respecto al origen de ambos términos, tiene por
objeto señalar que el análisis de las connotaciones de la palabra accidente
nos lleva al campo de la semiótica. Considerando lo anterior, cuando en
este trabajo avancemos sobre el análisis de la palabra accidente y sobre
aspectos de su aplicación en varios ámbitos relacionados con la temática
vial, aún cuando sea un breve trayecto, asumimos que nos situamos en el
ámbito de la semiótica.

Identificamos un problema

Las consecuencias sociales, laborales, económicas y teóricas de los
accidentes viales son enormes, y tienen derivaciones insospechadas. El
presente recorrido busca situarnos frente a una de esas consecuencias
sobre la que versará este trabajo: las connotaciones de la palabra
“accidente”. No sería posible evaluar esta palabra sin el contexto que la
acompaña, en particular porque ella tiene consecuencias fundamentales en
varios ámbitos.
La motorización a gran escala en el transporte terrestre se inició a fines del
siglo XIX, cuando se descubrió que el petróleo podía proveer el combustible
mas adecuado para los motores. En 1914 había 1.700.000 automóviles en
EE UU y menos de 1.000.000 en Europa.(1) Cuando la clase media accedió al
automóvil, la motorización lo fue abarcando todo: desaparecieron los
automóviles impulsados a gas y a vapor y el carbón permaneció – por
algunos años más – como el combustible de las locomotoras y de grandes
máquinas agrícolas y viales. El impacto que causó el automóvil fue enorme,
y originó consecuencias que se extienden hasta el presente, y algunas
surgieron recientemente: medicina, legislación, seguros, sociología,
psicología, ingeniería, economía y la tecnología son algunos ámbitos
afectados por la aparición del automóvil.
Una de las cosas que impactaron, continúa y seguramente seguirá
impactando a toda la sociedad, son los accidentes viales. Imaginemos el
asombro que habrán causado los primeros accidentes viales, cuando estos
nuevos “bólidos” avanzaban por las calles de ciudades que aún no tenían
una diagramación urbana adecuada a las necesidades del tránsito que se
avecinaba.
A fines del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, se concebía a los
accidentes viales de una manera similar a los accidentes que ocurrían con los vehículos anteriores, carros, caballos etc. Cuando se emitió la primera
póliza para un vehículo a motor, sus condiciones se asimilaron a la póliza
de un carro tirado por caballos. Esto se consideró lógico, ya que no había
antecedentes que permitieran evaluar la situación de manera distinta.
La magnitud de los accidentes viales los situó como una de las principales
causas de muerte a nivel mundial. El Dr. Camille Simonin lo expresó de
esta manera “…el automóvil ha reemplazado al microbio en las estadísticas
de mortalidad…”
Desde hace poco más de un siglo,(2) los accidentes viales son una nueva
forma de morir, y por su magnitud, frecuencia y extensión mundial, se
transformaron en una verdadera pandemia, y en un asunto de salud
pública. Lo ilustramos con cuatro puntos; dos de nivel mundial y dos
referidos a nuestro país:
– El informe Mundial del 2004 de la OMS sobre los accidentes viales,
expresa que anualmente en todo el mundo fallecen 1.260.000 personas en
el lugar del hecho o momentos, horas o días después, como consecuencia
de los accidentes viales. (2)
– En mismo informe señala que anualmente quedan 35.000.000 de
personas con lesiones de distinta gravedad, como consecuencia de esos
accidentes en todo el mundo.
– Durante el año 2012 en el Hospital Municipal de la ciudad de Córdoba,
ingresaba un promedio de más de un motociclista accidentado por hora.
En el 2012 fueron atendidos 10.532 motociclistas heridos; solamente
motociclistas, no se tienen en cuenta accidentados peatones o tripulantes
de automóviles – lo que generó que las cirugías programadas se
pospusieran frecuentemente, ante la urgencia de atender a los
motociclistas heridos. (3)
– Como consecuencia de la cantidad de accidentes viales ocurridos en la
Argentina en los dos primeros meses del año 2007, surgió la necesidad de
reformar la Ley Nacional de Tránsito Nro 24.449, y se sancionó la Ley
26.363 que en sus considerandos menciona que la Argentina gasta por
año aproximadamente entre el 1.5 % y el 1.7 % del producto bruto
interno para atender las consecuencias de los accidentes viales, tema que
la presidenta Cristina De Kirchner había mencionado con anterioridad, en
un discurso en el que se refería a los accidentes y anunciaba la sanción de
la Ley 26.363. (4)
Pero con el correr del tiempo aparecieron nuevas situaciones que al
principio nadie imaginaba A su vez, las consecuencias mas contundentes de
la aparición del automóvil todavía estaban en el futuro, y nadie preveía
adonde iban a llegar. (5)

Al principio del siglo XX los accidentes se consideraban hechos privados con
derivaciones solamente para sus protagonistas, y desprovistos de relación
con el medio ambiente, y se veía a sus participantes como personas
pasivas frente al riesgo. A medida que crecía la magnitud, variedad y la
cantidad de accidentes y aparecían nuevas derivaciones, empezaron a
llamar la atención ciertos aspectos que simple vista no se relacionaban con
la conducción y sus riesgos, y que no se los conectaba con las
circunstancias que rodeaban al accidente.
Se inició un camino que fue abonando el terreno para la aparición de la
teoría acerca de los accidentes viales, y con el tiempo se llego a la tríada
accidentológica: vehículo – usuario – vía de tránsito, construcción
conceptual que permite un mejor análisis, y sitúa a los accidentes en un
ámbito en el que ya aparecen incluidas circunstancias ignoradas al
principio. Se trata de una herramienta fundamental de la accidentología
hoy ampliamente difundida. (6)
Pero a pesar de la fertilidad de este recorrido, no abarcó todas las
circunstancias, y algunas todavía no aparecían. Se trataba de una situación
en la que se encuentra alguien que está tirando de una cadena, sabe que
es pesada, que es de metal, pero desconoce la cantidad de eslabones
porque solo los puede retirar uno a uno. Esta ilustración busca resaltar que
los eslabones de los accidentes viales aún hoy no son totalmente conocidos,
y a medida que transcurre el tiempo y aparecen nuevos eslabones, surgen
nuevas consecuencias. Evidentemente, estamos en un campo de gran
complejidad.
Una situación que seguramente influye en esa complejidad es que el
automóvil está en evolución permanente, y también lo está el medio
ambiente urbano e interurbano que debe responder y adaptarse a esos
cambios, de manera que, si bien se ha llegado a conclusiones sólidas, por
otro lado hay nuevos aspectos que surgen y nos hacen ver que hay otras
conclusiones que no son definitivas, y exigen un estudio y evaluación
constante que siga el ritmo de la evolución del automóvil y del transporte
en general.
Con el surgimiento de nuevos factores de riesgos, se realizó una nueva
evaluación de las causas de los accidentes viales y se avanzó sobre un
campo casi inexplorado: se identificó una nueva circunstancia, que es la
connotación de la palabra “accidente”.
La causalidad es un tema relevante en la línea de temporalidad del
accidente, es decir aquello que se reconoce como el antecedente necesario
del hecho, pero esta relación causal aparece difusa en el significado que
habitualmente le damos a la palabra accidente.

Un aspecto es la estructura del hecho llamado “accidente vial” y otro
aspecto es la palabra que durante años se utilizó para mencionarlo.
La palabra “accidente” en relación a la siniestralidad vial, tiene
connotaciones tales, que nos remite a un significado azaroso, imprevisible,
relacionado con el destino y con lo fortuito. Este significado azaroso y
difuso repercute negativamente en varios ámbitos como la prevención, la
responsabilidad de los protagonistas del hecho, el ámbito jurídico, la
educación y la concepción que el público tiene de la temática vial.
Cuando se analizan los accidentes viales sobre todo a la luz de los nuevos
factores de riesgo como el alcohol, la velocidad, la trasgresión de las
normas y la distracción – ésta ultima se incrementó con la aparición de
tecnologías como el celular – resalta claramente la cuota de responsabilidad
que recae en el factor humano, importante integrante de la tríada
accidentológica. Pero esta situación no es abarcada por la palabra que
usamos: “accidente”, ya que ella tiene una indudable connotación azarosa,
y así es entendida generalmente por el público, y es esgrimida en el ámbito
jurídico cuando se tienen que identificar responsabilidades ante hechos
concretos.
Este recorrido identifica un problema que surge en el campo del tránsito
moderno, y se traslada a otros campos relacionados con el anterior, y tiene
consecuencias que eran insospechadas no muchos años atrás.
El trayecto nos sitúa en el ámbito vial, y allí centramos nuestra atención en
el sentido fortuito, eventual, contingente, de la palabra “accidente”, que al
ser examinada a la luz de las nuevas situaciones de la vía pública, aparece
cargada de connotaciones que se presentan como un obstáculo que gravita
negativamente en ámbitos claves del ámbito del tránsito.
Nuestra intención es revisar la connotación azarosa de la palabra
“accidente” en varios ámbitos relacionados con la temática vial, e identificar
algunas consecuencias.

Algunos antecedentes

La incongruencia de la palabra accidente en la temática vial es abordada por
instituciones como la UNESCO, la OMS y otras. También a nivel nacional se
trata este problema. A continuación haremos un breve recorrido por algunos
documentos y trabajos que abordan el tema, Incluimos la cita de párrafos
de los trabajos, en referencia a la palabra accidente, y a sus connotaciones
negativas en relación a la prevención vial.

1 – Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por
el tránsito – Organización Mundial de la Salud – Banco Mundial –
2004.
“Históricamente, una de las razones de la “indiferencia” en salud
pública hacia los traumatismos del tránsito era el criterio tradicional
de que las colisiones y las lesiones resultantes se debían al azar…
El término “accidente”, que se utiliza ampliamente, puede dar la
impresión, probablemente no intencionada, de que son inevitables e
impredecibles, es decir sucesos imposibles de controlar…”

Esta cita, que corresponde al Capítulo I, Fundamentos, bajo el título
“Predictibilidad y evitabilidad de los traumatismos causados por el
Tránsito”, es acompañada de una advertencia de que en vista de
esa situación, en el informe se sustituye la palabra accidente por
las palabras “colisión” o choque. En el informe se hace un gran
énfasis en la prevención, resultante de un enfoque científico de la
temática vial.
2 – Informe especial sobre la seguridad vial en la Argentina
Defensor del Pueblo de la Nación – 2005
“Cada vez que usamos el término accidente, además de no estar
denominando correctamente al hecho en sí, estamos sugiriendo que
es en vano trabajar en prevención, dado que resulta improbable que
podamos controlar las variables que definen al término accidente, a
saber: el azar, el error y el designio divino.
Según su acepción más corriente, el accidente refiere a un suceso
imprevisto, generalmente desgraciado, que altera la marcha normal
de las cosas.”
En relación a la temática vial, el primer punto que aborda el informe
citado, en la Parte I del informe, es la incongruencia de la palabra
accidente con el hecho que denomina. En el informe se sugiere
sustituir la palabra accidente y menciona a la palabra “siniestro”
como la posible sucesora .
3 – Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología – Educación Vial.
Introducción a la educación del transeúnte – Basado en el material
producido por el Lic. Isabelino Siede – Presentado por el Ministro de
Educación, Ciencia y tecnología Lic. Daniel Filmus – 2004.
Las “…definiciones, en especial la de “accidente”, acerca de un hecho
que puede suceder o no (eventual), y que no es producto de la voluntad,
deja lugar a pensar que es algo inevitable: sin embargo, esta creencia,
muy generalizada, que se pone de manifiesto comúnmente ante el relato
informal y cotidiano de esta clase de sucesos, no es cierta…”
En el título “Algunas nociones básicas” se trata el concepto de accidente
bajo el subtítulo “Noción de “accidente”. La noción de suceso inevitable
difícil de prever, es algo presente en la palabra “accidente” circunstancia
que preocupa a los expertos, por lo que se trabaja para sustituirla por
otro término que no refiera a lo fortuito y se aleje de la creencia de
fatalidad inevitable.
4 – República de Guatemala – Universidad Panamericana
Facultad de Ciencias de la Comunicación
Tesis de doctorado en Ciencias de la comunicación
Título : “Los accidentes de tránsito en la sociedad guatemalteca:
medidas de protección para motociclistas de la zona urbana de Mixto”

Guatemala, Febrero de 2012
Tesista: Lic. Gloria Inés Suárez Rangel
Director de tesis: Dr. Jesús de la Cruz Escoto
Revisor de Tesis: Dr. Julio César Díaz Argueta
En artículos y documentos de varios autores se considera “…que existe un
mal significado y uso de esta palabra “accidente”, la cual se aplica para
hechos ocasionados por agentes externos involuntarios, no premeditados,
al descuido, ocasionados por influencias no humanas, que son inevitables y
suceden por casualidad, sujeto del azar, de forma repentina, el cual puede
dar lugar a una lesión o daño corporal evidenciable para las personas,
acompañado o no de pérdidas materiales que son imposibles de
prevenir…”
En la Parte I, “Introducción”, capítulo I, “Introducción a la
Investigación”, en el punto 1.1 con el título “Conceptualización del término
accidente”, La tesista hace referencia a organismos internacionales y
autores de varios países que advierten sobre el obstáculo que surge al
considerar la palabra accidente y el hecho que intenta representar. La
palabra, cargada de una fuerte connotación de azar, mala suerte o
imprevisibilidad, no es armónica con eventos que pueden preverse.
Menciona el caso de 70 ONG de varios países que elaboraron
sugerencias a sus gobiernos para la prevención de los llamados
accidentes de tránsito, e incluían la recomendación de abandonar el
uso de la palabra “accidente”.
La tesista aclara que en su investigación, las palabras “accidente” o
“accidentalidad” siempre van a inscribirse entre comillas, para mostrar
su adhesión a lo anterior.
5 – Documento de trabajo del Comité Consultivo de la Agencia Nacional de
Seguridad Vial dependiente del Ministerio del Interior de la República
Argentina – La Agencia y el Comité citado fueron creados por la Ley
nacional Nro 26.363 que modificó a la Ley Nacional de Tránsito Nro.
24.449.
“1 – El hecho llamado accidente por lo general es concebido de tal
manera que se diluye la responsabilidad de los protagonistas y se
desconoce la causalidad.
2 – Esta concepción es un obstáculo:
– para la prevención: porque esa concepción desconoce la
causalidad que antecede al hecho
– para producir cambios: porque excluye la responsabilidad de los
protagonistas
3 – Evidentemente hay que decidir que hacer con el término accidente,
y es aquí adonde surgen dos posibilidades: cambiar el término
accidente o resignificar el término accidente.
4 – Cuando decimos:
a) “…si se puede evitar, no es un accidente…” estamos
Promoviendo el cambio del término porque entendemos que la
Palabra accidente no representa adecuadamente el hecho al que se refiere.
b) “…que entre los antecedentes del hecho al que llamamos
accidente se encuentra alguna o varias de las siguientes
circunstancias: impericia, negligencia o imprudencia…” en este
caso estamos resignificándolo.
5 – En el caso del cambio de términos: Entendemos que en general el
público tiene una visión errada de lo que es ese hecho que
llamamos accidente vial. Concebimos al término como un
obstáculo, que de alguna manera promueve esa visión equivocada.
La palabra accidente aparece aquí como no armónica con el hecho
al que refiere: No lo representa adecuadamente y promueve
concepciones erradas del hecho”
6 – En el caso de la resignificación del término: Entendemos que
aunque el término se cambie, vamos a tener que explicar el
cambio, y la significación de la nueva palabra que se elija, y ante
esta alternativa entendemos que lo mejor es resignificar la
palabra, explicando lo que realmente es el hecho llamado
accidente.

Citamos parte del documento de trabajo titulado “Accidente: Cambio de
término o resignificación…?”. Está fechado el 30 de noviembre de 2012, y
fue emitido en el Grupo de trabajo Nro 3 integrante del Comité Consultivo
citado.
Expone la incongruencia de la palabra “accidente” en relación a los
accidentes viales. Aclara que ante la situación que se genera por la
connotación azarosa de la palabra “accidente”, es evidente que hay que
realizar cambios. Pero advierte que ante las dos posibilidades – sustituir la
palabra o resignificarla – se inclina por la resignificación, ya que entiende
que el intento de cambiar la palabra “accidente” por otra, sería muy
dificultoso, casi imposible de lograr, debido al uso de la palabra en ámbitos
públicos y privados, y a la amplia difusión entre el público.

Relaciones contradictorias

La palabra “accidente” se utiliza para nombrar a hechos dañosos del
ámbito del tránsito, llamados “accidentes viales”.
El significado de la palabra nos remite a lo fortuito, y con frecuencia se
menciona la palabra relacionándola con la mala suerte, o el destino.
Esta connotación de la palabra está ampliamente difundida y es aceptada
por el público. En el ámbito jurídico esta connotación favorece la intención
de quien desea verse libre de responsabilidades en un hecho vial concreto.
No hay aportes positivos para la prevención vial en esta palabra, que opone
su significación de imprevisibilidad a la causalidad que surge del análisis de
la temática vial, y se transforma en un obstáculo en el caso de la
prevención.
– la palabra accidente está institucionalizada: es de uso general
ampliamente difundida
– aparece en documentos de instituciones relacionadas con la
temática vial
– se usa incluso en documentos oficiales
– se incluye en los intercambios sociales habituales: publicidad y
otras.
En el diccionario de la Lengua española se define accidente de la siguiente
manera. Dada la variedad de aplicaciones de la palabra, inscribimos
solamente las definiciones que nos interesan a los efectos de este trabajo.
Accidente Del latín accidens, -entis (7)
– “Cualidad o estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia o
naturaleza.”
– “Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas.”
– “Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las
personas o las cosas.” Seguro contra accidentes.
– “Indisposición o enfermedad que sobreviene repentinamente y priva de
sentido, de movimiento o de ambas cosas.”
– “Pasión o movimiento del ánimo.”
– “Síntoma grave que se presenta inopinadamente durante una
enfermedad, sin ser de los que la caracterizan.
Se trata de una palabra ambigua que tiene numerosas aplicaciones, y en
varias aparece la connotación de “eventualidad”. Evidentemente, el sentido
de la palabra no es congruente con los resultados del análisis de los
accidentes, en cuanto a la responsabilidad de sus protagonistas. La
connotación de “eventual”, “inopinado” o “repentino”, no ofrece
herramientas conceptuales armónicas con la intención de identificar
responsabilidades en la temática vial, o de realizar prevención. El
diccionario expone el significado de la palabra y la direcciona en sentido
contrario: hacia lo fortuito e imprevisible.
En el siguiente trayecto exponemos brevemente la influencia negativa de la
palabra en varios ámbitos.
– Lo jurídico: la responsabilidad de los protagonistas es algo fundamental
en este ámbito, porque se trata de analizar desempeños de personas, e
identificar situaciones que permitan exigir a los protagonistas actuar de
manera distinta a como lo hicieron. Pero en muchos casos, el significado
azaroso y fortuito de la palabra accidente puede promover
interpretaciones del hecho, que remitan a situaciones en las que no se
pueda prever el incremento violento y súbito del riesgo vial, y menos aún
de sus consecuencias.
– La responsabilidad: las particulares connotaciones de la palabra accidente
puede facilitar la posibilidad de situar a los protagonistas en un ámbito adonde las circunstancias aparezcan como imprevisibles, tal que no se les
podría exigir que actúen de manera distinta a como lo hicieron, lo que
favorece el intento de tratar de disminuir o diluir la responsabilidad de los
protagonistas frente a hechos concretos.
– La prevención: la palabra latina praevenir es el antecedente de la palabra
prevención en español , y se refiere a una situación en la que se detecta
la posibilidad de materialización de un hecho, y frente a esa posibilidad se
toman precauciones destinadas a evitar la concreción del hecho o a
disminuir sus consecuencias. En la temática vial la prevención es
fundamental. Pero es difícil asociar la prevención a un hecho que
nombramos con una palabra que tiene un significado negativo en relación
la prevención, o remite a lo fortuito. El significado de la palabra se
presenta como un obstáculo.
– La concepción generalizada: la palabra accidente está ampliamente
difundida y está institucionalizada como la que nombra a la siniestralidad
vial. Compañías de seguros, instituciones privadas y públicas, leyes,
diversos documentos y medios de comunicación, incluyen esta palabra
para referirse a la temática vial. Las personas tienen cierta concepción de
la temática vial, pero ésta surge de los medios de comunicación que
difunden algunas circunstancias de la temática, y esta difusión, la
particular forma de su estructura y las palabras que se utilizan, son
elementos que aportan para la concepción que los ciudadanos tienen de
la temática vial.
– La concientización: es un escalón principal en toda política integral de
Tránsito, en el que los resultados no se materializan en la disminución de
la cantidad de accidentes, y aunque esto ocurriera, este no es el principal
objetivo. Lo que se busca es producir cambios en la mente de los
usuarios, en la concepción que las personas tienen de la temática vial y
del protagonismo que ellas tienen en el tema. Los cambios en la vía
pública son consecuencia de la concientización. En este período es crucial
la publicidad y los conceptos que se difundan para promover cambios
culturales: una muestra de eso es la conocida frase “…si se puede evitar
no es un accidente…”. Esta frase busca develar concepciones erróneas en
la temática vial. En esta instancia, la connotación azarosa de la palabra
accidente no aportaría para la concientización.
– La educación: La temática vial aparece como una demanda social, y su
receptora natural es la escuela. Por sí misma no puede solucionar el
problema vial, pero sus aportes, aunque lejanos, son muy importantes. El
recorrido por la Educación Vial es seguramente el más importante aporte
para la prevención, para promover una inserción armónica en el
fenómeno del tránsito y para disminuir los riesgos. La conceptualización
coherente con los casos concretos en la vía pública, es un poderoso medio
para propiciar una conciencia de cuidado en el tránsito.
Los puntos arriba expuestos muestran la incongruencia de la palabra
accidente en el contexto de esos ámbitos y se pueden vislumbrar las
consecuencias negativas y nos permiten los siguientes comentarios.

Las opciones

– Explorar la incongruencia que surge de utilizar la palabra accidente
para referirse a los hechos viales nos lleva a la necesidad de:
a) sustituir la palabra por otra o
b) resignificar la palabra accidente.
a)
La primera opción. No es fácil sustituir la palabra por otra:
– La palabra siniestro también tiene connotaciones azarosas, y en caso
de adoptarla como sustituta, nos llevaría a una situación parecida a la
que se quiere evitar.
– Las frases hechos de tránsito o hechos viales son muy amplias y
abarcan no solo hechos dañosos sino también aquellos que no lo son.
Su amplitud nos enfrenta a la imprecisión y vaguedad.
– Otra frase, lesiones no intencionales, se refiere mas bien a una de las
consecuencias de eso que llamamos accidente que al accidente mismo.
En este caso estamos frente a una clara imprecisión.
A lo anterior hay que agregar que la palabra accidente está ampliamente
difundida y arraigada en toda la sociedad, y que no es fácil promover el
consenso necesario para adoptar una palabra sustituta que use
habitualmente toda la sociedad. Por otro lado la palabra accidente sigue
siendo usada por muchas instituciones comprometidas con la
problemática vial y aparece habitualmente en los medios de difusión
promoviendo un mayor arraigo, favoreciendo su difusión y exhibiéndola
como el componente que nombra un aspecto importante de la
problemática.
b)
En caso de la segunda opción, tenemos que la palabra sigue siendo la
misma, pero se requiere una resignificación que nos oriente hacia una
representación adecuada de ese suceso vial dañoso que llamamos
accidente.
Para el caso que nos ocupa, es evidente que tenemos que vaciarla de la
conceptualización tradicional y darle un nuevo contenido conceptual
coherente con el hecho que intenta nombrar. No visualizamos un único
concepto que represente adecuadamente la complejidad del llamado
accidente vial, sino que entendemos que esa complejidad requiere
varios que confluyan para exponerla adecuadamente:
– impericia: falta de conocimientos requeridos
– negligencia: el abandono de deberes o cuidados necesarios
– imprudencia: la adopción de una actitud riesgosa
Estas dos posturas se nos presentan como las únicas opciones frente a la
connotación azarosa de la palabra accidente.

Mas allá de la palabra accidente

No hay dudas que es necesario ocuparse de esta contradicción. Se trata
de algo ya advertido por muchos desde hace tiempo en todo lugar
adonde se abordó la problemática vial.
La palabra suena dolorosa y amarga para quienes sufrieron de alguna
manera las consecuencias de un accidente vial, y saben que no fue un
“accidente”…
Así que se trata de un asunto que no se puede soslayar, se debe decidir
qué hacer ¿sustituímos o resignificamos…? Alguien deberá actuar y
aplicar.
Sea cual sea la opción elegida, seguramente que se pensará a la escuela
como la receptora natural de la responsabilidad de abordar la decisión
adoptada. Pero debe tenerse en cuenta que descargar la responsabilidad
en el ámbito docente no es la mejor decisión – aunque por supuesto se
debe enseñar educación vial en los tres niveles – ni tampoco aparece esa
acción como la más relevante para promover una conciencia de cuidado
en el tránsito en forma inmediata, o favorecer la prevención en el ámbito
vial.
Creo que, sin ignorar ni abandonar la problemática de la connotación de
la palabra accidente, también se debe mirar más allá de la palabra.
Entendemos que lo más relevante y decisivo para la prevención es el
desarrollo de una política integral de tránsito, que incluya una
homogeneización legal también integral.
Es decir que no solo se debe trabajar para lograr homogeneizar la
legislación vial en todas las jurisdicciones, sino también no perder de
vista que el cuerpo legal no puede estancarse ignorando el dinamismo
cada vez mayor y más complejo de la vida moderna que incluye también
al tránsito. El cuerpo legal, a manera de algo vivo y dinámico, debería
responder a las exigencias de nuevas situaciones, nuevas instancias que
requieren no solo reglamentaciones actualizadas sino también
penalizaciones adecuadas y protecciones acordes a las dolorosas
consecuencias presentes. Si esto exigiera revisar las corrientes y
doctrinas que aparecen fundamentando las actuales decisiones, no se
debería dudar en hacerlo sin temor, con la convicción que no es el
hombre el servidor del derecho, sino la ley protectora y promotora del
bien, cosa que se manifiesta con tipificación, protección por medio de
penas y penalización.
La construcción de tipos penales es un medio poderoso para responder a
conductas que afectan derechos de todos los ciudadanos y elevan el
riesgo en el ámbito de la vía pública. La tipificación de conductas que se
desarrollan en la vía pública, en particular en la conducción de esa cosa
riesgosa que es el vehículo motorizado, se hace imprescindible para, por
un lado, evidenciar que el cuerpo legal está vivo y es sensible a la
situación actual, y por otro para responder no solo a las necesidades
sino también a las expectativas de toda la sociedad que observa que se
puede afectar el bien y derecho más elemental y fundamental de
cualquier sociedad: la vida y la integridad física, y que las respuestas
desde el ámbito jurídico muchas veces tienen consecuencias que
parecen alentar esas conductas y proteger a sus autores.
Las normas establecen pautas para la vida en sociedad, penalizando,
protegiendo bienes y reglamentando, para promover armonía, equidad y
una mejor relación con el otro y con el medio ambiente. Pero la ausencia
de respuestas o de respuestas adecuadas, evidencian o una mala interpretación de la realidad, o una actitud de desinterés. Imaginemos
las consecuencias que esto tiene para a opinión pública, para la vida
diaria, y el doloroso impacto no para algunos, sino para miles de
ciudadanos que cada año son afectados de alguna forma por los
accidentes viales.


Notas:
(1) Telmo Daniel / Aymo Osvaldo – Publicación sobre Educación Vial “Aprendamos Educación Vial” –
UNR Editora – Rosario – 2da Edición – 2012 – Pág. 23
(2) Organización Mundial de la Salud (OMS) y Bco. Mundial – “Informe Mundial sobre prevención de los
traumatismos causados por el tránsito” – Ginebra – 2004 – (versión español latinoamericano)
(3) LA VOZ DEL INTERIOR – 04/01/13 – Ciudadanos – Artículo “El peor registro de motociclistas
heridos” Redacción la Voz –
(4) “INFORME ESPECIAL SOBRE SEGURIDAD VIAL EN ARGENTINA” – Defensor del pueblo de la
nación – 2005 – Parte I B: La seguridad en el tránsito es una cuestión de seguridad pública – Pág. 23
(5) FASECOLDA 35 años – Junio de 2011 – Colombia – Seguros de Daños – Seguros de Automóviles –
1.Historia del seguro de automóviles – Viviana Vanegas, Carlos Varela – Pág. 353: La primera Pza. de automóviles la emitió la Boston Insurance Company de EE UU el 02/06/1902
(6) En 1940 el vocablo “accidentología” fue utilizado oficialmente en EE UU, y desde 1947 se aplica en
Europa. Se utiliza en sentido de estudio de los accidentes viales, ámbito en el que se incluye la
herramienta conceptual de la tríada accidentológica. Esa disciplina fue introducida en Argentina por el
ingeniero Alfredo .F. Bottaro, como una asignatura del Curso de Perfeccionamiento Sobre Tránsito, de la
Policía de la Pcia de Bs. As. en 1967.
(7) REAL ACADEMIA ESPAÑOLA – Diccionario de la lengua española – Vigésima segunda edición –
Edición electrónica – Significado de la palabra “accidente” – http://lema.rae.es/drae/

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